Pensamiento del día

Las palabras pueden herir. El silencio puede curar. Saber cuándo hablar y cuándo no hablar constituye la sabiduría de los sabios. El conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. Saber cuándo saber y cuándo no saber es la sabiduría de los profetas. Sin el freno de las palabras, el silencio, el conocimiento o la ignorancia, una hoja afilada corta limpiamente. Esta es la sabiduría de los guerreros.

10 de junio de 2011

AL PRINCIPIO.

  Al crecer, todos cogemos las creencias de nuestros padres del mismo modo que podemos coger cualquier otra enfermedad social como un acto de amor. Ellos nos querían o al menos, eso decían. Nosotros los queríamos o eso creíamos. Por supuesto, ellos esperaban que los quisiéramos y nosotros esperábamos que nos quisieran. ¿Qué relación es más íntima que la que existe entre un niño y sus padres? Ya que esté basada en el amor o en la servidumbre del castigo, dura más que muchos matrimonios.
Y aunque sea difícil imaginar que un adulto intenta estropear concientemente la mente de un niño, ¿Qué padres pueden evitarlo? Todos, en un momento dado, estamos a merced de nuestra ignorancia y prejuicios. Absorbemos los Sistemas de Creencias de nuestros padres por el mero hecho de estar con ellos.
Ellos hablaban, nosotros escuchábamos. Verdadero o falso, lo que decían era ley. Aunque no estuviéramos de acuerdo, aceptábamos la mayoría de sus creencias como hechos demasiado obvios para cuestionarlos.
En nombre del amor, ellos esperaban que actuáramos  de acuerdo con su idea de la perfección. En nombre del amor, nosotros hacíamos un esfuerzo para ser perfectos. Pero, aun poniendo mucho empeño, ¿lo conseguimos de verdad, a sus ojos, o más tarde a los ojos de nuestros profesores? ¿Alguno de nosotros llegó a complacerles por completo?
Por supuesto que no; no por completo. Ellos querían que fuéramos perfectos a su forma; nosotros éramos lo perfectos que podíamos a nuestra forma.
Inevitablemente, tuvimos que afrontar experiencias penosas y sentimientos de dolor, vergüenza y culpabilidad. Muchos de nosotros (especialmente los hombres) evitábamos expresar nuestros sentimientos para no arriesgarnos a recibir más críticas, correcciones o castigos. Algunos llegamos a creer que esforzarnos al máximo no era suficiente, así que empezamos a buscar formas de hacer lo mínimo y salir del paso. ¿Qué alternativa teníamos cuando aceptábamos las creencias de una autoridad, para luego oír creencias opuestas de otra autoridad distinta?
Con datos distorsionados, ¿Cómo podíamos evitar la confusión? ¿Cómo podíamos creer a nadie y menos a nosotros mismos? Nadie le enseña a un niño las técnicas para hacer frente a la ansiedad o la depresión.
¿Entusiasmo, seguridad e igualdad? Todo se iba por la ventana. En cambio, encontrábamos hostilidad, miedo a perder, sufrimiento y culpabilidad. Puesto que es duro vivir con tales emociones, las tapamos con antagonismo, rabia y resentimiento. ¡Por qué no? Eso es lo que hacían los adultos. De hecho, lo aprendimos con su ejemplo. Lo que es pero, aprendemos MÁS.
Si ellos mentían, nosotros aprendimos a mentir. Si negaban sus sentimientos, nosotros también. Si ellos tenían puntos ciegos disléxicos en la perfección, nosotros aprendíamos con su ejemplo. Si tenían problemas de aprendizaje, ¿por qué no íbamos a tenerlo nosotros? Si ellos no vivían de acuerdo con sus compromisos, ¿por qué íbamos a hacerlo nosotros? Si ellos expresaban el miedo y la rabia, nosotros aprendimos que esa era la forma de actuar.
Si ellos eran hostiles nosotros también.
Ellos utilizaban el amor como premio y castigo, ¿por qué no íbamos a utilizarlo nosotros? Si eran crueles con nosotros, nosotros pasábamos esa crueldad a niños más pequeños, animales e insectos. Aunque no nos gustara el comportamiento de los adultos, aprendimos que había que actuar así para poder sobrevivir en este mundo.
Luego llegaron la televisión y el cine, si nuestros padres no nos enseñaron la violencia, el asesinato o el caos total, lo aprendimos de la caja tonta y de la pantalla de cine. ¿Y el sexo? Ahí el mensaje era doble. Por una parte, veíamos el ejemplo de nuestros padres. Por otra, la TV y las películas contaban una historia totalmente distinta.
¿Y la religión y la política? El ser judío, cristiano, musulmán o budista es un juego de creencias y prejuicios diferente, que afecta todos los aspectos de la vida.
Antes de cumplir seis años, las pautas ya estaban establecidas, “Su” comportamiento se convirtió en el nuestro, sus actitudes en las nuestras, y sus costumbres también. Nuestros padres y profesores, la televisión y nuestros semejantes nos enseñaron “la verdad del mundo” hasta un punto mucho mayor de lo que podíamos imaginarnos entonces.
Ojala hubiéramos sabido en aquel momento que los hábitos, actitudes y comportamientos inútiles iban a quedar impresos en nosotros durante toda la vida hasta que eligiéramos una actitud diferente, por supuesto. Pero de niño, ¿quien de nosotros se daba cuenta de que realmente teníamos otra ELECCIÓN, que no era simplemente resistir?
¿Cuál fue el resultado? La mayoría de nosotros creció con el convencimiento de que “hay algo malo en mí”. Y teníamos razón. De hecho, teníamos que suprimir el conocimiento de lo mal que lo hacíamos.
Y así seguimos por la vida, prisioneros en la cadena de la niñez, empeorando cada día en lugar de mejorar, con todos nuestros sufrimientos basados en la perfección y en los resultados.
Perfección y resultados: las dos mayores preocupaciones imaginarias que hay que afrontar en la vida, nos atraparon desde que éramos niños.
En efecto, aprendimos a jugar el juego de la vida con las viejas reglas que sólo producen miedo, culpa, indiferencia y separación. Pasadas de generación a generación, esas viejas reglas nunca han funcionado para aumentar la felicidad y el autocrecimiento. Les fallaron a nuestros abuelos, les fallaron a nuestros padres y nos fallan a nosotros también.
Sería mejor que alguien nos hubiera enseñado de niños que todos los seres humanos pueden ELEGIR lo que quieren creer, y que los Sistemas de Creencias son distintos según la experiencia y el conocimiento. Sería mejor que alguien nos hubiera enseñado que cada ser humano es un individuo único con una huella genética completamente distinta a cualquier uno de nosotros, es la única FUENTE para conseguir la felicidad y la salud y para poder “mejorar”.
Ojala hubiéramos aprendido que cada uno de nosotros teje la tela de su experiencia  con sus propias creencias y expectativas; ojala hubiéramos sabido que podemos liberarnos de las actitudes que nos bloquean en las expectativas de los demás. Ojala hubiéramos estado tan seguros de nosotros mismos como para aceptar las sugerencias del Sistema de Creencias de otra persona sólo cuando encajaran en nuestras propias ideas sobre la vida en general.
Ojala hubiéramos sabido que el universo físico que percibimos es un reflejo de nuestros propios Sistema de Creencias. Ojala conociéramos el poder absoluto que tiene nuestra mente consciente para conseguir objetivos que el ser interior puede realizar. Bueno, ése es el objetivo de este curso: volver a recuperar el MÁXIMO posible de nuestra propia autoridad y su poder interior.
En “Three in One Concepts” hemos averiguado que el mejor modo de hacerlo es hacerlo identificando y limpiando los traumas pasados que limitan la perfecepción en el tiempo presente, para dar a la gente la posibilidad de ELEGIR cuando ellos sienten que no tienen ELECCIÓN. El sistema que utilizamos funciona con esas limitaciones de la percepción llamadas “problemas de aprendizaje” o comportamiento inapropiado (o destructivo). La gente cambia para estar mejor y esos cambios son permanentes.
En una primera mirada, a mucha gene nuestro sistema UN CEREBRO le parece poco convencional, por no decir más. Las teorías convencionales para crear cambios positivos en el comportamiento y en la salud física no han funcionado muy bien, ¿no es cierto? Aún con todos los avances científicos de nuestra época, la gente sigue tan atrapada como lo estaba hace seis mil años.
La gran autoridad sigue gobernando, los gobiernos siguen ignorando los mejores intereses para su pueblo, la guerra sigue actuando, y todo porque, como individuos negamos nuestra propia autoridad. Casi ninguno de nosotros ha confiado nunca en si mismo como la única Fuente válida para las ELECCIONES que afectan a su vida. ¿Qué otra opción queda para mejorar? Ya lo hemos probado todo. ¿Por qué pasar por alto lo obvio?
“Three in One Conceps” significa la integración de cuerpo, mente y espíritu. Cuando integramos esos tres aspectos de nosotros mismos, conseguimos la suficiente seguridad como para hacer cambios que mejoren nuestra vida, la suficiente seguridad como para afectar positivamente las vidas de los que amamos, y por medio de este crecimiento, tenemos el poder de convertir este planeta en un mundo del que estamos orgullosos.

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