Pensamiento del día

Las palabras pueden herir. El silencio puede curar. Saber cuándo hablar y cuándo no hablar constituye la sabiduría de los sabios. El conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. Saber cuándo saber y cuándo no saber es la sabiduría de los profetas. Sin el freno de las palabras, el silencio, el conocimiento o la ignorancia, una hoja afilada corta limpiamente. Esta es la sabiduría de los guerreros.

24 de junio de 2011

A la conquista de un nuevo hombre (I)


Nuestra causa es nueva,
nuevo pues debe ser
nuestro modo de pensar y actuar.
A la conquista de un nuevo hombre
“LOS PACÍFICOS”
(Parte I) 
Abrahán Lincoln
La tarea final en el viaje hacia la realidad mágica es la de poner a tu mente, a tu yo invisible, en el camino que lleva a los milagros. Hemos examinado la idea de un universo con propósito y de ti en tanto que entidad con un propósito dentro de ese universo. Has examinado el modo de poner tus pensamientos y acciones del lado del propósito divino que te ha traído desde un estado sin forma en la eternidad a este mundo de forma. Tu conciencia reconocerá ahora también la existencia de una guía amorosa, que está a tu disposición y que sólo necesitas saber utilizar sabiamente. Tal vez entiendas las palabras de Hazart Inayat Jan cuando dijo: “El místico hace algo más que citar escrituras, no sólo dice “busca primero el reino de Dios”, sino que su vida entera está inmersa en esa búsqueda”.
Se trata de un embebimiento vital total que, sin embargo, no supone que haya que retirarse del mundo o cambiar de vida o de situación laboral. Lo que si vas a cambiar es esa realidad invisible que es únicamente tuya.
Lo que sigue en este capítulo es una guía para que cambies de esquema mental a fin de experimentar un mundo donde la realidad mágica no sólo sea posible sino que constituya tu derecho de nacimiento. Con este cambio, el hacer milagros se convertirá en algo sólo en lo que creerás sino que manifestarás en tu vida cotidiana. Yo he estudiado y pasado tiempo con personas a quienes considero como hacedores de milagros, y sé por sus experiencias y las mías que éste es el paradigma de la mente que una y otra vez crea ese esquema mental milagroso.

Catorce claves para crear un esquema mental milagroso.
He aquí catorce claves para crear un entorno en el que puedan florecer los milagros y la realidad mágica. Aunque se trata en realidad de intenciones para tu mente, esa parte invisible de tu ser, hay cosas reales y específicas que puedes practicar también. Después de cada clave doy una lista de sugerencias para poner en práctica este esquema mental milagroso en el mundo físico y visible.
1. Resuelve tu juicio y tu incredulidad.
Como la mayoría de nosotros, con toda probabilidad te han enseñado a ser escéptico en relación con todo cuanto no puedas ver o tocar. Necesitas superar esa incredulidad, al igual que lo haces cuando ves una película o lees una novela.
Cuando estás viendo una película o leyendo una novela no te cuesta un gran esfuerzo eliminar la incredulidad. De este modo, te es posible disfrutar de la historia que se narra sin recordarte constantemente a ti mismo que no puede ser cierta. Y lo mismo ocurre con el mundo de la realidad mágica. Eliminas de buena gana tu incredulidad y penetras temporalmente en un mundo de posibilidades infinitas. Si éste no te gusta, puedes en cualquier momento interrumpir la actividad y volver a entrar en el mundo del escepticismo y la incredulidad. Deja que comparta contigo una experiencia que tuve recientemente.
En el libro de Shirley McClaine, Going Within, hay una descripción de un caballero brasileño llamado Mauricio Panisset. La autora lo describe como un hombre poseedor de poderes milagrosos, hasta un punto para mí desconocido cuando leí el libro. He aquí su extracto:
Mauricio Panisset nació el 6 de marzo de 1930 en Minas Gerais, Brasil. Era el tercer hijo de una familia cuyo padre, un pastor metodista, se interesaba también por la metafísica. Pero pronto la madre de Mauricio se vio incapaz de manejar la incontrolable rebeldía de su hijo. Desesperados, cuando el niño tenía nueve años, los padres lo enviaron a vivir con su abuela en una granja… El niño iba a menudo al bosque, donde, según diría (más tarde), era seguido por unas “luces”. Estas luces aparecían en forma de bolas que despedían un resplandor y “le hablaban” siempre que las veía… Cuando llegó a la pubertad, las luces desaparecieron. En 1949, a la edad de diecinueve años, entró en el ejército; una noche, mientras se hallaba de guardia, las luces aparecieron de nuevo… En 1969 las luces adquirieron tal fuerza que empezaron de nuevo a “hablar”. El 19 de abril de 1969 una de las luces habló con tal intensidad que Mauricio no pudo hacer caso omiso de ella. La luz decía: “Debes utilizar tu propia luz para curar a los enfermos. Debes ir al hospital y empezar”
Me intrigaba este Mauricio, pero debo confesar que pensé si Shirley no sería objeto de un truculento engaño o incluso si no “se estaría pasando”. Al fin y al cabo, todos sabemos que las luces no hablan ni actúan como ella describe en su libro. La oportunidad para eliminar mi incredulidad llegaría el verano siguiente.
Hacia finales de nuestra estancia de todos lo veranos en Maui, Hawai, fui invitado a hablar en la Iglesia Unitarista de Maui. Esto es algo que hago todos los años antes de partir, y es mi modo de devolver algo a ese paraíso hermoso y espiritual del océano Pacífico donde he recibido tanta inspiración y guía divina.
Después de la charla se me acercó una mujer y nos invitó a mi esposa, Marcie, y a mí a reunirnos con ella, su esposo y un pequeño grupo de amigos en su cas de la ciudad de Lahaina. La mujer, Gail Longht y su esposo Bob son propietarios de uno de los más famosos y concurridos restaurantes de Hawai. Gail explicó que tenía un invitado muy especial, alguien a quien Shirley McClaine había escrito en Going Within. Este invitado se llamaba Mauricio y ella creía que, a juzgar por mis palabras en la Iglesia, nos encantaría tener una charla privada con este notable personaje. Recordé inmediatamente mi reacción al leer lo que decía Shirley de las dotes de Mauricio y acepté de buena gana su invitación. Marcie y yo estuvimos de acuerdo en que era una buena oportunidad para conocer de primera mano la magia de este maestro y, lo que era igual de importante, dejar de lado nuestras incredulidades y nuestros prejuicios.
Cuando llegamos, nos dijeron que Mauricio se reuniría con nosotros pasados cuarenta y cinco minutos. Mauricio tenía una sesión con la madre de Gail en un dormitorio cuya ventana daba al patio. De repente, mientras estábamos fuera en el patio, vimos en el dormitorio lo que parecían relámpagos (la estancia parecía explotar con enormes estallidos de luz multicolor, todo un auténtico espectáculo de luces). La madre de Gail bajó la escalera poco después. Pasó por delante de nosotros con una mirada vacía y apacible y desapareció en otra parte de la casa. Unos minutos más tarde bajó la escalera Mauricio, cuya camiseta sin mangas estaba empapada de sudor. Nos juntamos con él en la cocina, donde estaba ingiriendo grandes cantidades de agua. Parecía tener casi cincuenta años. Era de poca estatura, con una magnífica cabellera blanca y una constitución robusta y gloriosamente sereno y humilde. Pidió disculpas y explicó que necesitaba otros quince o veinte minutos antes de poder vernos. Le dios las gracias y, en un interés entrecortado, contesto:
—No, no, gracias a mi no. Es obra de Dios, no mía.
Pasaron unos veinte minutos; en este espacio de tiempo Bob se encargó de asegurar a todos los presentes que no había la menor posibilidad de fraude. Explicó que el espectáculo de luces había tenido lugar en su dormitorio, que él había escoltado a Mauricio personalmente hasta la estancia y había tenido con él una primera sesión. Nos dijo incluso que había registrado la estancia. Yo esperaba simplemente con la mente abierta y dispuesto a superar mi incredulidad.
Mauricio nos pidió que subiéramos la escalera tras él. Marcie y yo habíamos decidido tener esta sesión juntos a fin de poder corroborar mutuamente nuestra experiencia y compartir lo que presenciáramos. Nos tendimos sobre la cama en diagonal, con las cabezas juntas y sin soltarnos las manos ni por un momento. Mauricio puso en marcha un casete y la estancia se llenó de una música de flauta a bajo volumen, para la meditación. Se nos acercó por detrás y posó los dedos sobre la frente de Marcie. Pronunció luego en voz alta las palabras “Energía, energía, energía” y otras palabras en portugués que no pudimos entender. Apartó los dedos de la frente de Marcie y chasqueó con fuerza, repitiendo una y otra vez “Energía, energía”. De pronto, milagrosa y literalmente, la estancia se iluminó. Emanaba luz de sus manos, era como si un rayo hubiese dado en plena estancia. Marcie tenía los ojos cerrados, pero podía ver la luz a través de los párpados. Yo no cerré los ojos ni por un instante, y quede paralizado.
Luego Mauricio me tocó la frente con los dedos. Tenía la mano muy caliente. De nuevo, “Energía, energía, energía” seguido de otra palabras en portugués. Yo me sentí temporalmente transportado a otra dimensión. Eran una luz y una energía eléctricas. Todo mi cuerpo era presa de un enorme shock y sufría convulsiones. La estancia estaba encendida. ¡De la total oscuridad a una brillante luz que surgía de las manos de este hombre!
Permanecimos en el dormitorio más de veinte minutos. Durante ese tiempo Mauricio posó una mano sobre mi rodilla y la otra sobre mi tobillo, que me había dañado la semana anterior al caer sobre unas rocas resbaladizas. Yo sentía un enorme calor; de nuevo la luz emanaba de Mauricio e iluminaba la estancia. Esto se repitió de doce a quince veces durante la sesión. Luego, Mauricio abandonó la estancia y bajó la escalera empapado de sudor. Antes de marcharse, nos pidió que permaneciéramos tendidos en la cama unos momentos para dejar que la experiencia nos impregnara, y explicó que tal vez nos sintiéramos mareados.
Continuará con " Cómo cambiar la vida".
Go.

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