En pleno día del Carmen y bañados por un poderoso sol, fuimos partícipes del hermanamiento de dos culturas, cristiana y de los indios americanos, diferentes en sus formas e iguales en su esencia. Los encargados de conducirnos por ésta única e inolvidable experiencia fueron el maestro Santiago Velilla, fundador y presidente de esta asociación, y Jesús Rovira, su alumno y también maestro, vicepresidente de Shirima y fundador de Lam Ñima Dawa.
La jornada se celebró en el polideportivo de Luceni, generosamente cedido por el ayuntamiento de la localidad a nuestro compañero y también vicepresidente Víctor García con una asistencia de 17 personas venidas de Zaragoza y Lleida.
En un principio, el evento a realizar estaba ideado o diseñado para celebrarse en el exterior, en el medio natural, de forma no organizada, sino espontánea, abierta, libre... Pero llegado el momento y gracias a unas hábiles gestiones de Víctor, se consiguió se consumara en el interior del recinto deportivo. Los anfitriones del centro nos colmaron de atenciones, facilitándonos mesas, sillas, vestuarios y un lugar donde improvisamos un comedor.
Así, incluso se pudo montar un pequeño expositor donde ofrecimos distintos materiales de origen indio con la idea de recaudar fondos para ayudar a nuestro amigo indio Tamya con quien mantenemos estrecha relación y nos permite un acercamiento cultural hacia su pueblo.
Tuvimos el privilegio de poder vivir los rituales de dos culturas: la india y la cristiana.
Rituales de tal envergadura no podían llevarse a cabo sin unos cuidadosos preparativos. Algunos se sorprendieron al ver a los maestros recorrer la sala con las varillas de radiestesia para elegir el lugar más idóneo.
Al ser el ritual de la Pipa Sagrada el primero en realizarse, se procedió a montar un círculo con un altar en el centro con elementos propios de la simbología india. Antes de iniciarse el ritual, Santiago dio apertura con unas palabras dedicadas al objeto de nuestro encuentro. Al terminar, él y Jesús quisieron honrar a Víctor García con la entrega de un kata tibetano firmado por ambos.
Comenzó la sesión matinal con el trabajo de sonido, la ceremonia clásica de la “Pipa de la Paz” de origen indio. Jesús Rovira, encargado de aventurarnos en el viaje de la Pipa Sagrada, hizo una leve exposición de la importancia cultural de este instrumento sagrado para los indios americanos. A su vez, dio la explicación del procedimiento del ritual, dando instrucciones de los pasos a seguir, priorizando la importancia de la intención y la actitud. Y así fue como las acciones individuales se fusionaron para un único fin: paz y sanación para todos los seres.
No pudo haber mejor clausura para esta ceremonia que con sonido de flautas, tambores y cantos ofrecidos a la tierra, al cielo y a todos los seres. Realizamos todos juntos distintos cánticos diseñados por el grupo de LAN ÑIMA DAWA, en el que participamos todos con mejor o peor o entonación. Todo fue una experiencia diferente e interesante, donde destacó la participación de grupo y la buena exposición de Jesús Rovira, quién comentó la posibilidad de tomar como hábito para futuros cursos la realización “coral” de la secuencia musical recién entonada.
El recogimiento experimentado durante la práctica dio lugar a una distendida comida de hermandad. Sin mucha dilación procedimos a preparar lo necesario para el ritual de la tarde. Sacamos múltiples fotos donde se puede apreciar la concentración de los participantes.
Finalizada la sesión precedimos a la distensión natural compartida que concede el momento del almuerzo, la comida de hermandad. Y tras el ágape nuestra tradicional siesta de quince minutos con la que descansamos, relajamos y tomamos fuerzas para continuar con la sesión vespertina, menos mal porque pensábamos acabar sobre las cinco y media aproximadamente y se nos hicieron las ocho de la tarde. Visto desde fuera habría parecido que todo lo habíamos preparado al detalle, pero nada más lejos de la realidad: los grupos sabíamos lo que teníamos que hacer, en ningún caso habíamos matizado ensayos, pero tras el discurrir de una cosa tras la otra, todo fue surgiendo con fluidez tan natural que podría dar a entender al espectador que todo hubiese estado preparado.
Por la tarde, Santiago Velilla fue el encargado de guiarnos en esta ocasión. Sentados ya entorno a la mesa en la que más tarde recrearíamos tan sagrado memorial como es la Santa Cena, Santiago nos hizo reflexionar sobre la importancia del momento que estábamos viviendo. Tras esto, el preámbulo. ¡Y vaya preámbulo! Para eruditos. Sociología, física cuántica, ADN, campos energéticos, fitoterapia, kinesiología, humanismo... para confluir en EL CAMINO, la vida de JESÚS.
Nos comentaría Santiago una vez concluido este ritual: “En la segunda parte, por la tarde, en la que rememorábamos la ultima cena de Jesús de Nazaret, la responsabilidad para mí era grande. Casi de agobio conforme se iba acercando el momento; llegado éste, sentí miedo, miedo de afrontar semejante acto que tan insigne persona realizó hace más de dos mil años, como lo fue la figura más importante de la humanidad. Con la máxima entrega y sencillez, tal como lo hizo el Maestro, intenté imitarle, disertando primero sobre la figura de Jesús. Noté que el grupo era consciente que los pensamientos y tendencias filosóficas eran diferentes... con el máximo respeto y gracias a la colaboración del padre Félix, que dio visto bueno a este acto y con la colaboración de cinco de los compañeros para el lavatorio de los pies, di comienzo el ritual con pan sin levadura (como hizo Jesús) y a la vez con las formas consagradas (que se nos habían proporcionado) y el vino que compartimos del sagrado Grial (que ya es de propiedad de nuestra asociación). Culminé el acto recordando los puntos importantes de las palabras de Jesús a Pedro y a Judas. El espacio y el tiempo perdieron sentido para mí y al darme cuenta que ya eran la 20h...”
Creíamos conocer a Jesús, el personaje más célebre de la historia, pero sin duda, al escuchar su vida narrada por los labios de un apasionado investigador, nos percatamos de nuestros pocos conocimientos. Muchos fueron los detalles que nos explicó, deteniéndose en los misterios: nacimiento, infancia, vida pública, pasión,... acabando con la narración de la Santa Cena.
El siguiente paso fue la preparación de la mesa cuidando los detalles en colaboración y hermandad.
Todo dispuesto en base a las indicaciones del maestro se rememoraron algunos de los rituales de ESA noche: el lavado de pies, la cena, la consagración y la comunión. Momentos realmente especiales para todos. Hubo comunión verdadera en el sentir. Amor, gratitud, unión, perdón, paz, luz... solo son algunas de las vivencias experimentadas que nos han hecho llegar.
Y como diría ESE gran hombre: “Podéis ir en paz”. Y así fue, con el sentimiento de haber alimentando nuestra luz interior. GRACIAS.
Recogimos el material y vinieron las despedidas, eran ya las nueve menos cuarto, y seguíamos dándonos abrazos y besos de despedida, en el fondo y en nuestro interior, habríamos cenado y dormido en el mismo pabellón, hasta se que disipase el hecho de tan preciosas experiencias, pero así es la vida, todo tiene un final… de lo contrario, aun continuaríamos despidiéndonos sin lograr partir.
Santiago añadiría: “Hablo ahora de mi experiencia, en la que hay un antes y un después. Fuí consciente de que por mucho que rememoremos este acto, nunca será como esta primera vez… pero simplemente hemos venido voluntariamente, sin ornamentación a dar testimonio de un pueblo indígena con sus costumbres ancestrales como lo fueron el canto y el sonido, la ceremonia de la Pipa de la paz, y también dimos testimonio que lejos de las diferencias éramos responsables de una conciencia social de confraternidad entre los hombres pobres y menos pobres, cuya única aportación máxima fue el amor que todos nos profesamos allí y siempre que hacemos un acto de cualquier índole. Por eso creo que la idea es extensible a todos los hombres de buena voluntad y que este acto sea extendido entre nuestros amigos y familiares para recuperar la familia, el respeto y la solidaridad… porque es con hechos, y no solo con palabras lo que nos facilita llevarnos a la paz. Todo, por todos los seres del mundo y fuera de las comidas de Navidad, Semana Santa, el Ramadán o cualquier cosa parecida, ya que lo más importante es que los seres seamos hermanos en esta gran familia que es nuestra madre Gya”.
Go y PC



No hay comentarios:
Publicar un comentario