Pensamiento del día

Las palabras pueden herir. El silencio puede curar. Saber cuándo hablar y cuándo no hablar constituye la sabiduría de los sabios. El conocimiento puede frenar. La ignorancia puede liberar. Saber cuándo saber y cuándo no saber es la sabiduría de los profetas. Sin el freno de las palabras, el silencio, el conocimiento o la ignorancia, una hoja afilada corta limpiamente. Esta es la sabiduría de los guerreros.

26 de octubre de 2011

Una vez más… EN EL MAR DE CASPE


Encuentro con el agua (fuente de vida), el pan, el vino (en recuerdo del innombrable), el sonido y su vibración para acercarnos a la materialidad del equilibrio gravitatorio que nos acerca al “PROPÓSITO” y reflexión para los veteranos entre el Taiheki-katsugen y el Oosei, la vuelta del Seitai, el ADN prenatal.

Escribo este preámbulo que continuará el profesor de sonido Jesús Rovira, que ha recabado la opinión de los participantes, que es, en definitiva para los que se ha diseñado el encuentro.

Bajo la óptica de profesor-coordinador del encuentro se me escapa el poder expresar lo inexpresable. Fuimos un numeroso grupo de personas, procedentes de Lleida, Caspe y Zaragoza, al evento que, en principio estaba programado para sábado y domingo, pero algunos de los asistentes sólo pudieron realizarlo uno de los dos días (mientras a unos les fue imposible asistir el sábado… a otros les aconteció lo mismo el domingo). Esto resultó ser un hándicap para el profesor ya que el temario estaba repartido entre ambos días, y claro... aunque todos estaban muy predispuestos a participar, al final pues eso: donde hay confianza…
En todo caso, la actitud e interés estuvieron presentes tanto el sábado como el domingo. Como el día en principio no era muy espléndido, cambié la primera parte o introducción por la parte correspondiente al agua. Y creo hice bien en alterar el orden, aunque más tarde se convirtiese en un día maravilloso. Para mi fue una experiencia extraordinaria e irrepetible, pero también fue uno de los cursos que más me costó mantener la atención y conseguir que el encuentro fuese constructivo y provechoso.

El olor, del mal llamado Mar de Caspe, era como para no respirar. Además, fue complicado escoger el lugar adecuado: había muchos pescadores realizando su deporte favorito y no era cuestión de molestarles con nuestra presencia; como en otras ocasiones que me sucedieron en mi vida, me pregunté ¿pero, tú quien te crees que eres? ¿dónde te has metido?
Pero os puedo asegurar que después de lo que vi, y de lo que sentí, aquel mal olor inicial se tornó tan secundario que apenas ya lo percibía: ¿ya no estaba allí? ¿ya no se respiraba su hedor? Yo me sentía inmensamente feliz y me repetí como quien se consuela: si no haces esto tú… ¿quién va ha hacerlo? ¿quién osará afrontar esta responsabilidad? Me dije: tú no eres un profeta, ni el Maestro, tú no eres nadie iniciado en estos menesteres. Pero lo hice. Y si no fui capaz de hacer todo lo correcto conforme mandan los cánones, vi como al menos, las personas allí reunidas salieron contentas por la experiencia vivida. Yo mismo, repito, salí feliz de aquel entorno, de aquella cita. Yo no llegué a aquel entorno a rememorar un rito, sino a dar significado de vida: el agua representa toda forma de vida; creo, que los presentes quizás pudieron entenderlo mejor en la introducción y con la presencia de vida en nuestras vidas y máxime si cabe en la vida espiritual y ancestral… ¡pero había que vivir aquello!

Con respecto del Sonido, me encantó. Porque en esto, como en la informática… ¡yo soy un negado! Pero para eso estaba presente nuestro profesor y amigo Jesús Rovira, quien preparó un variado acto musical en el que uno de sus empeños, que es también mío, fue la repetición y aprendizaje de la canción dedicada a Shirima, como nexo de nuestros ideales. Yo participé con la mejor voluntad y el espacio como el tiempo parecieron carecer de sentido para mi… me sentía en estado Zen aun con mi disonante voz… creí alcanzar cierto estado de satori.

En la parte del Oosei, había una laguna total entre los veteranos que comprendieron enseguida pero que nunca se les había explicado la gran diferencia existente entre esta parte del Oosei sin la cual no se puede realizar Seitai, que en realidad debe ser la meta del instructor. Por eso he considerado impartir otro taller para aquellos que quieran profundizar como instructores, porque el Katsugen es la práctica individual que permite discernir al instructor entre el movimiento espontáneo del Katsugen undo y la verdadera esencia del ser humano. El movimiento espontáneo sólo indica donde está alojada la tensión parcial, pero la verdadera esencia de la individualidad del ser humano es el Oosei, que precede incluso al nacimiento y es con el que vivimos, aunque en la práctica sea como la vida misma, poner la mano, y el resto ya está previsto en el PROPÓSITO.

Esta fue mi experiencia.
Go.

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